El desgarrador testimonio de este enfermero del SESCAM tras la muerte de una joven paciente

/Redacción/Foto: Alberto Luque/

Su nombre el Alberto Luque y es enfermero en una UVI móvil del SESCAM. Un día su trabajo le llevó a vivir un episodio que le marcó profundamente, del que le costó salir mucho tiempo y que a punto estuvo de costarle la vida a través del suicidio. Hoy, Alberto, ya recuperado, cuenta su experiencia para intentar con ella ayudar a otros profesionales sanitarios que quizá puedan estar atravesando una situación muy similar a la que le tocó vivir a él.

“Un día pensé que la única salida era desaparecer, dejar de vivir era la única forma de seguir viviendo y hoy todo aquello pasó, hoy soy feliz”, argumenta el propio Alberto Luque a través de las redes sociales cuando comienza a narrar su historia.

“En un aviso una niña nos dijo adiós y yo no supe entender que la tristeza es una emoción normal y con las emociones no se discute, se aceptan, se viven y no somos Héroes que todo lo puedan. Meses cuesta abajo, meses de llorar a escondidas por el dichoso ¡¿Qué pensarán de mí si cuento que lloro por una paciente!?”, explica Alberto al mismo tiempo que añade que “es duro abrazar a una hija sintiendo culpa, pensando que no es justo que aquel padre no pudiese hacer lo propio. Mi hija vivía y era feliz, la suya no. Solo quería dejar de sufrir, cerrar ojos y adiós”.

Este enfermero de UVI móvil del SESCAM también manifiesta que “nada de lo que me pasó fue motivado por sentimiento de culpa profesional, el aviso en lo técnico había sido impecable, quizá eso ahondó mi sufrimiento, ¿qué pasaría el día en el que no lo fuese?, ¿qué pasaría el día en el que otro niño dijese adiós en nuestras manos?”

Cegado por un solo pensamiento y con el peso de aquella muerte sobre sus hombros, Alberto reconoce que estaba sumido “en la oscuridad” y que no fue hasta que “alguien me tendió una mano y acabé allí donde debí acudir desde el primer momento. La psicología fue luz en mi oscuridad y ante la psicóloga confesé mi pensamiento más inconfesable, había pensado en la muerte como única salida”.

A día de hoy Alberto está feliz y da “gracias por haber reconocido aquella mano amiga y haber dado el paso de externalizar con la psicóloga algo tan tabú. Aquello abrió claridad a mis ideas y me ayudó a entender que no había sabido gestionar adecuadamente mi lado emocional, que la empatía mal entendida quema al profesional. Salí gracias a una mano amiga, contando, hablando, asumiendo, aprendiendo y escribiendo”.

Alberto afirma que ahora, cuando analiza aquella oscura etapa le ayuda a entender que “nadie es un Dios que todo lo pueda como ser individual. Todos somos frágiles en algún momento, todos hemos podido tener ideas de suicidio y pedir ayuda es la salida más inteligente”.

Igualmente, este enfermero del SESCAM echa la vista atrás y recuerda como “con 17 años me tocó asistir a la decisión de una persona muy querida para mí, él decidió terminar su camino y en mí quedó un eterno sentimiento de culpa, ¿qué más pude haber hecho por evitarlo? Y hoy lo veo claro, ojalá lo hubiese detectado, hubiese hablado, yo le hubiese escuchado y juntos hubiésemos buscado ayuda”.

Para finalizar su escrito en las redes sociales, Alberto Luque reconoce que “hoy lo hablo con naturalidad, sin tabúes, sin estigma. Por aquellas personas que no supieron o no pudieron. Hueso a traumatología, corazón a cardiólogía…mente a psiquiatría y psicología. Visibilizar ayuda a superar. No tomes a broma, no eches en saco roto la primera señal de alarma, no quiere llamar la atención sin más…te necesita”, concluye Luque.

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